Todos tenemos momentos de nuestra vida para olvidar, bueno no, para olvidar no, digamos que para no recordar o al menos para no recordar tal como pasaron. Hay muchos momentos pasados que, el simple hecho de recordarlos, nos producen lágrimas. Las lagrimas, el llanto, siempre sirve de alivio, sirve para dejar salir esa energía negativa que a veces produce nuestros sentimientos. En muchos casos, las lágrimas van acompañadas de orgullo, ese orgullo que nos da el haber superado los malos momentos y el sentir que hemos sobrevivido a ellos.
Todos tenemos momentos de nuestra vida para recordar, momentos en los que la alegría y la felicidad nos desbordaba. Al recordar esos momentos nos producen una sonrisa enorme. Sonrisa que en muchos casos va acompañada de orgullo, ese orgullo que nos da el haber sabido encontrar a las personas capaces de hacernos pasar momentos tan felices.
Admiro a los payasos, pero no solo a los profesionales de la risa, a los que se ganan la vida haciendo reír. A esos también, pero me refiero a esos payasos que vagan por el mundo con la sonrisa puesta. A esos payasos que saben sonreír a los problemas y que saben hacer que los demás sonriamos a los nuestros. Porque la sonrisa involuntaria la que nos da la alegría y la felicidad no tiene mérito, pero si lo tiene la sonrisa ante la adversidad, ante los problemas, la sonrisa que desemboca en una carcajada cuando superamos el problema.
Cuantos más SONRiAMOS, menos gente triste en el mundo y los que no quieran o no puedan SONREiR seguro que nos lo agradecerán.
¡¡¡Por favor, SONRiE!!!.