Yo no sabía ni esperaba que ese día de septiembre cambiarían tantas cosas en mi vida, no sé si para mal, para bien, o para mal y bien, no lo sé. Desde entonces he llorado mucho, ese llanto que tienes que aguantar y no puedes soltar ante la gente simplemente porque no te encuentras entre los tuyos, pero ese llanto me ha aliviado en mi cueva, con mi soledad, porque allí no hay nadie que me diga si está bien o mal, si soy débil o fuerte por hacer lo que mis sentimientos me piden. Hay cosas que no nos parecen bien de nuestras vidas y queremos cambiarlas porque encontraremos más felicidad. Pero si a mí me gusta la soledad ¿por qué tengo que dejarla?, ¿qué daño hago con ello?. La soledad es de las pocas cosas que hay en este mundo que no te dejará nunca, la podrás dejar tú a ella, pero siempre que quieras ella te estará esperando.
He aprendido mucho de la observación y menos de las palabras, he aprendido que se puede cambiar, que se puede luchar por lo que uno quiere, pero que llegar al final no depende solo de uno. Mira, he aprendido que lo que tenemos todo es bueno y únicamente se convierte en malo cuando lo vemos desde el otro lado. Yo he estado mucho tiempo en la cueva con la soledad, con mí soledad y ahora te aseguro que no es tan malo.
Puedo aprender muchas cosas, puedo disminuir mi ignorancia y con ello vencer al miedo, pero el ser humano siempre, desde el hombre de las cavernas, ha vivido de sus pasiones e impulsos más básicos, por mucho que aprendamos, que nos enseñen, por mucho que queramos cambiar y que lleguemos a ser, mientras nuestro cerebro funcione, mientras seamos seres humanos y no máquinas, estaremos controlados por el componente emocional de NUESTRO cerebro, que es único y nos proporciona sentimientos buenos y malos, pero nuestros y justamente esto nos diferencia de los demás.
TÚ para mí eres mucho, significas mucho en mi vida, pero me he dado cuenta que no lo eres todo, mis sentimientos son míos y por eso siento lo que siento y quiero seguir sintiéndolo y si cambio puedo dejar de ser YO.