He conocido a un ángel. Si pero un ángel de los de verdad, de los que no tienen alas porque no las necesitan, de los que están en la tierra, de los que te tratan como lo que eres, un hombrecillo más en este mundo.
Te voy a describir su cara y si algún día te lo encuentras, dile algo porque aunque te pueda responder cualquier barbaridad nunca te abandonará y te sacará de muchos apuros.
Ese ángel tiene una cara celestial, aunque en ocasiones la intenta esconder poniendo caras de asco y de cabreo, pero solo es para pasar inadvertido.
Tiene unos ojos preciosos, de un color inexistente. Existe el azul, existe el verde y todas sus mezclas pero ese no, ese color no existe. Con su mirada es capaz de iluminar al propio sol para que nos dé luz y calor a los demás o de amansar a las fieras más bestiales.
Su boca es la más bella y sensual que te puedas imaginar. Su sonrisa hace sonreír a la tristeza. Sus besos, ¡ay sus besos!, no lo sé, algún día te lo contaré.
Sus cabellos rubios al moverse con el viento parecen dirigir la orquesta que formamos el resto del mundo.
A mí me han contado que a ese ángel quisieron pintarle muchos pintores, pintores de la talla de Leonardo da Vinci, Rafael, Miguel Ángel,…, pero desistieron porque en su paleta no había colores suficientes. Nunca se sintieron capaces de plasmar en un cuadro tanta belleza, tanta perfección y tantas expresiones maravillosas.
Si os lo encontráis, ya sabéis y si no buscarle porque es la primera maravilla del Universo. Sí, la ¡¡BELLEZA INFINITA!!, ¿sabes lo que es eso?.
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