viernes, 6 de julio de 2012

Agradecimientos

No quieres que te agradezca lo que has hecho y lo que sigues haciendo por mí, no te gusta que lo haga, porque dices no hacer nada. Me dices cosas como “PERO NO ME MEREZCO TUS GRACiAS PORQUE NO HE ECHO NADA PARA ELLO”. Y tú sin embargo, me das las gracias a mí por desearte suerte. No es justo!!.

Mira, hace un tiempo conocí una hormiga que vivía en la última planta de un edificio. Allí tenía paz, cariño, comprensión, alegría,…, en fin, todo lo que se necesita para vivir feliz. Un buen día sonó el teléfono y cuando lo cogió, cayó desde lo más alto del edificio hasta el suelo de la calle.

Desde ese día se puso a vagar por los alrededores del edificio buscando una entrada, pero no era capaz de encontrarla. Lo único que encontró fue una cueva donde refugiarse de los males diarios y salía a veces para seguir buscando la entrada.

Según me contó la hormiga, pasaban por delante de ella muchas y muchas personas. Ella se fijaba en las personas buscando algún conocido que la metiera en el edificio. Un buen día alguien pasó por allí y por casualidad la hormiga se subió a su zapato. Esa persona entró en el edificio y cogió el ascensor. La hormiga subió hasta sus brazos y esta persona lejos de darla un manotazo y aplastarla, la dejó en sus brazos hasta llegar al destino, que no era otro que la última planta. Allí dejó a la hormiga en el interior de una cueva para que estuviera más protegida. Esta cueva no es la que tenía en la calle. Esta cueva la utiliza la hormiga, para recordar y disfrutar todo lo bueno vivido en tiempos pasados, todo lo vivido en esa planta del edificio y para pensar en esa persona y en su maravilloso corazón.

Tú crees, que esa hormiga ¿no tiene todo el derecho del mundo a estar agradecida a esa persona con tanto corazón?. Mira, es posible que esa persona, en un primer momento, no se diera cuenta de que llevaba a la hormiga en el zapato, pero cuando la tenía en sus brazos sí y no la dio un manotazo. ¿No crees que las cosas que no cuestan trabajo, también deben agradecerse?. Hay cosas insignificantes para uno que para otro es toda una vida.

Aunque a esta altura de la película ya te habrás dado cuenta, esa hormiga, Mi ViDA, soy yo y TÚ esa persona con tanto corazón. Si no te gusta que te lo agradezca, no te lo diré, pero aún en silencio te estaré agradeciendo en esta vida y en todas las que vengan después, no solo, que me subieras a lo más alto del edificio, sino también la forma en que lo hiciste.

SI ALGÚN DÍA UNA HORMIGA SE SUBE A VUESTRO ZAPATO, ¡¡NO LA PISEIS!!.

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