domingo, 29 de julio de 2012

La historia de una apuesta

Esto es la historia de una apuesta. No esperéis una historia especial ni extraordinaria, es una historia simple y sencilla, seguro que más sencilla que muchas de las que habréis vivido alguna vez en vuestra vida. Para mí, sí es especial, primero por ganar la apuesta y el premio, pero también es especial porque muchas personas la hicieron. Su generosidad, trato, comportamiento y sus palabras me hicieron sentir especial en muchos momentos y eso lo agradecí de todo corazón. La historia es la siguiente:

Todo empezó hace muchos años. Dos niños cuyos padres eran íntimos amigos y ellos, para darles gusto, compañeros de juego, de travesuras, de castigos, de viajes, de vacaciones, incluso de cama alguna vez, vamos uña y carne por aquel entonces, crecieron y el tiempo los separó. Él se fue a vivir a Madrid y ella se quedó en Salamanca, aunque se veían en verano, la distancia les separaba. Al cabo de unos años, el destino para él y la casualidad para ella hizo que ella fuera a vivir también a Madrid, allí retomaron la amistad, aunque ciertamente nunca la habían perdido. En la actualidad comparten amigos, comparten estudios y comparten juergas y fiestas. Se ven frecuentemente y eso sí hablan mucho, la amistad les viene de lejos, de la más tierna infancia, pero eso, amistad y nada más.

Él no recuerda exactamente cuándo empezó a sentir algo especial por ella, ella sí, ella lo recuerda perfectamente, “nunca” (palabra textual). Él lo ha pregonado a los cuatro vientos, y ella como quien oye llover, vamos que nada. Él se resigna y ella se alegra. Vamos, lo que se puede decir un amor improbable para él e imposible para ella. Al menos algo bueno tiene esta relación y es que lo que no se une no se puede romper, algo es algo.

Y ahora la apuesta. Viernes noche de primeros de junio, cena con posterior fiesta en casa de él. Él, ella y otros amigos, típica velada acompañada con bebidas aparentemente inofensivas, pero… por el resultado yo diría que no del todo. Ya se sabe que en esas situaciones, salga el tema que salga, siempre se exagera, siempre hay uno o una, que hace un poco más y mejor que el anterior. Normalmente el ser humano es así de fanfarrón y con bebidas “inofensivas” aún más. En esto, sale un tema de conversación, ¿qué hacer este verano?. Hay propuestas de todos los colores, vamos para todos los gustos, hasta que uno propone hacer una parte del Camino de Santiago,…, respuesta, silbidos y abucheo general, pero el tema cala hondo y se habla y se habla. Al cabo de un rato.

………………………….

Ella dice: Es que cada etapa es larguísima, es una paliza.

Otro dice: Que no, que no, que no es para tanto.

Ella dice: Joder, por lo menos es como ir a mi casa (cerca de Cibeles) desde aquí (La Moraleja) y volver.

Otro dice: Y ¿eso es mucho para ti?.

Y lo típico que sí, que no, que sí, que no…. Y de repente, entra él en la conversación.
Él dice: Yo, por un beso tuyo voy a tu casa y vengo andando.

Ella dice: Ya estamos, bla bla bla bla….

Y ahí queda la cosa.

La fiesta sigue y la gente se emociona a medida que avanza la noche. Siguen surgiendo conversaciones y temas. De repente sale el tuenti a relucir, que si yo tengo 200 amigos, que si yo 350 y que si yo no sé cuantos, que si yo hago esto, que si yo aquello. Él, el pobre, que no tiene ni cuenta, se aventura a decir que tampoco será tan difícil conseguir amigos y como si hubiera echado gasolina en una cerilla. Tú no tienes ni puta idea, no sabes ni cómo funciona y otras lindeces.

La conversación sigue y sigue y en un momento, sin saber cómo ni porque, se conecta el paseo a La Cibeles andando, el beso y el tuenti y empieza la discusión sobre una posible apuesta. Apuesta que después de un rato se concreta en lo siguiente:

Él debe conseguir antes del 1 de julio al menos 50 amigas en tuenti.

Si no lo consigue, irá desde la plaza de La Moraleja hasta la plaza de Cibeles andando, allí ella le esperará, se tomarán un refresco, le dará un beso ella a él como ella quiera (se supone que en la mejilla) y él se volverá andando a La Moraleja.

Si lo consigue, ella irá desde la plaza de Cibeles hasta la plaza de La Moraleja andando, allí él la esperará, se tomarán un refresco, le dará un beso él a ella como él quiera (ya se verá) y ella se volverá andando a la Cibeles.

He de decir que a él, el día de la apuesta, todo le sonaba a chino, sabía que el tuenti existía, pero blog, mensaje privado, foto principal, estado,…, todo chino. Gracias a una clase rápida de un amigo todo fue más fácil.

Y hasta aquí la historia de la apuesta más tonta, pero más beneficiosa para mí, que haya hecho en mi vida.

La conclusión de la apuesta?, pues que esto que no deja de ser un juego, una simple apuesta entre dos amigos, una tontería insignificante o como queráis llamarlo, a mí me sirvió para darme cuenta que en el mundo hay buena gente, hay gente amable, gente simpática, gente agradable, gente dispuesta a ayudar a un desconocido y en resumen gente con UN GRAN CORAZÓN.

Para mí todos los retos son importantes en la vida, pero todos, porque por muy tontos e insignificantes que parezcan, siempre se saca algo positivo, incluso aunque no se consigan. Las montañas se hacen grano a grano y todos los granos son válidos, hasta los más insignificantes y diminutos.


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