jueves, 6 de septiembre de 2012

Recuerdos

Hay recuerdos inolvidables y recuerdos que se olvidan, hay olvidos irrecordables y olvidos que se recuerdan, pero al final nada se olvida, todo son recuerdos. Recuerdos que se utilizan cuando se necesitan, cuando hay que sobrevivir a la monotonía, cuando se necesita ese poquito de aire para seguir el camino.

Nuestra memoria la llenamos de recuerdos, al fin y al cabo todo aquello que se aprende no deja de ser un recuerdo, un recuerdo que únicamente se olvida cuando se almacena hasta nueva orden.

Puedo recordar objetos, paisajes, colores, sonidos, olores, puedo recordar todo lo que mis sentidos me enseñan, puedo recordar situaciones, momentos vividos,…, y todos ellos mantenerse en mi memoria indefinidamente, pero solo recordarlos cuando los vuelvo a ver o algo me los hace revivir.

Puedo recordar personas, personas con las que pasé momentos de mi vida, personas que en algún momento me hicieron vivir y en otros morir, personas con las que compartí grandes o pequeños momentos, incluso insignificantes momentos.

Hay algo que diferencia los recuerdos de las cosas y de las personas y es que las personas siempre dejan huella y son huellas que no se pueden borrar, son huellas indelebles, que el paso del tiempo no se las lleva, huellas que forman parte de mi vida.

Hasta donde conozco, mi vida es finita, pertenece a lo que conocemos del tiempo y el espacio, pero mis recuerdos de TI y hacia TI son infinitos y eso es lo que tienen los recuerdos, el pensamiento y los sentimientos, no tienen límites.

De ti, puedo recordar gestos, palabras, miradas, en fin, momentos vividos, no hay un segundo de mi vida vivido contigo que no esté grabado en mi memoria y muchas veces para sobrevivir a la monotonía de la vida me meto en la cueva y los recuerdos vienen a la pantalla de mi vida.

Qué bonito es recordar todo lo que me has hecho vivir y ¿sabes? me anima pensar que la máquina de crear recuerdos no se estropeará nunca.

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