viernes, 7 de septiembre de 2012

Si tienes un rato...

Si algún día tienes un segundo de aburrimiento en tu feliz nueva vida y te acuerdas de aquella hormiga que solo te quiso agradecer lo que sentía y que parece no lo hizo como debía. Si ese segundo te hace leer esto, pues me alegraré y cuando termines puedes pisar a la hormiga, seguramente le hagas un favor, el mismo que hiciste cuando la subiste a la última planta del edificio. Si no es así pues permaneceré vagando por el mundo del silencio.

Me alegro de que las cosas te vayan bien, de que tus amigos te traten bien, de que hayas encontrado a esa persona que tanto deseabas, que sientas el orgasmo físico sublime, el orgasmo mental sublime, me alegro de tu indiferencia hacia mí, de tú alegría con el dolor de otros,…, me alegro de todo aquello que te hace feliz.

En todos estos años me has enseñado muchas cosas, cosas maravillosas. He pasado momentos felices y momentos tristes, noches de insomnio, de pensar y pensar en ti.

Las palabras habladas se las lleva el viento y las palabras escritas las mantiene la duración de la tinta, pero aún cuando desaparecen, permanecen en la mente de quién las escuchó, de quién las leyó, de quién las sintió y por supuesto de quién las escribió.

Exteriormente puedo derrochar felicidad, pero mentiría si te dijera que mi interior está alegre. Mis sentimientos siguen intactos pero son incapaces de levantar el ánimo, mis sentimientos no comprenden el mundo real y soy yo quien tiene que aceptarlo. Qué difícil es entender el comportamiento de otras personas cuando no se sabe lo que pasa por su cabeza.

La vida parece empeñada en hacerme entender que las despedidas silenciosas, vacías, sin palabras, son lo mejor, no lo sé, yo no lo entiendo.

Ahora ya puedes pisar a la hormiga, que seguro que hasta eso lo haces con delicadeza y bien. Yo te seguiré queriendo igual.

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